"José Maria Cáceres fue un notable educador salvadoreño cuya labor en pro del desarrollo cultural de los salvadoreños nunca debió haber caído en el olvido."


Don José Maria Cáceres, nació en Zacatecoluca, el 15 de noviembre de 1816. Su padre se llamo don Domingo Rodríguez Peña; su madre, doña Dolores Cáceres, señora que prescindía de una familia procedente de las Canarias. Las de Pedro de Betancourt, el Hermano Pedro, fundador de la orden de betlemitas, personaje religioso y legendario de la historia colonial de Guatemala.
Viuda la madre, y vuelta al seno de su familia, don José Maria entonces de tres años, creció con el apellido materno, y no con el de Rodríguez Peña, que era el suyo. Niño aun, movida la madre por el interés de educarlo, pasaron a Guatemala donde apoyada por los tíos maternos, que ya habían terminado sus carreras profesionales, el señor Cáceres fue alumno de los Colegios de Guatemala y Quezaltenango. Dedicado luego al estudio de la farmacia. Lo abandono por muerte del Lic. Don Manuel Maria Cáceres, uno de sus tíos y jefe de familia y, vuelto a El Salvador se dedico a la carrera de comercio, que así mismo abandono por contratiempos. Era secretario de la Gobernación de esta capital cuando se abrió la campaña electoral para Presidente el Estado. (El Salvador se consideraba aun como Estado de la Republica de Centro América) El señor Cáceres formo el banco de oposición contra la candidatura del entonces Comandante General Malespín.

 

DON JOSE MARIA CACERES
DOCTOR IN HONORIS CAUSA

¿Quién fue don José Maria Cáceres?

Según la escasa biografía disponible, he aquí el hombre: muy niño quedo huérfano de su padre, a cargo solo de la madre, que suplió con el amor, la falta de recursos, y con la esperanza, la capacidad de realizar altos anhelos para su hijo, pero este allano con su escabrosidad del camino: se hizo maestro, y enseñando gano el sustento de los suyos, y los medios escuetos para ir adquiriendo una mayor cultura.

Su primera hazaña de maestro fue fundar una escuela de señoritas, -el primero que hubo en El Salvador- "De cada ciento, entre señoras y señoritas, dice el mismo, apenas había cinco que supieran leer y escribir". La idea fue combatida, porque entonces saber era cosa del diablo, tratándose de la mujer, y no se realizo sino después de mucha y encarnizada porfía. El buen maestro buscaba con la fundación de tal colegio, además de que se educara a sus compatriotas, que se educara a su novia, y fue así en efecto. En ese plantel dio clases gratuitamente cuatro años, y a la vez contribuía con su dinero a la provisión de los útiles.

El año 61 fundo el Colegio de "Santo Tomas", en Santa Tecla, en donde por espacio de 19 años, educo a la manera de José de la Luz y Catallero,- el cubano insigne con el que solía compararse,- como solo "El que es un evangelio vivo", Aquí también resolvió otros problemas de educación familiar, pues ahí se la dio a sus hijos, de quienes fue el mejor maestro.

Los últimos ocho años de su vida los paso enseñando en el colegio San Luís, fundado y regido por otro maestro benemérito. Ahí, como en el de santo Tomás y en el señoritas, Cáceres, dice un biógrafo, fue la vez maestro, médico, padre y amigo de sus discípulos.

Esto fue profesor, el director de colegio. Veamos ahora en un magisterio más amplio.

En 1847, cuando la nación era un muy niña y todos sus cosas andaban confusas o desordenadas, Cáceres comenzó a enseñar la orden en las finanzas nacionales. Su primera elección en esta materia fue la liquidación de la deuda interior, no echar después de la independencia.

Esto le trajo seis años de trabajo improbo, y a la república, consideración y crédito.

 

Vino la guerra contra los filibusteros, y el salvador andaba inactivo porque no tenía recursos. Entonces Cáceres formuló he hizo adoptar un proyecto de arbitrios, que permitió al país salir de su inercia y empeñase contra los invasores. Esta fase segunda lección.

La tercera fue la ley sobre irresponsabilidad del gobierno, por daños y perjuicios que las fracciones causaran a los extranjeros. Ocho años hubo de trabajar para que esa doctrina, muy alabada en otras partes, cristalizará aquí en una ley.

La cuarta lección fue servir en la hacienda pública como oficial mayor, como jefe del tribunal de cuentas, como tesorero general. En estos puestos enseñar sistema de cuentas, por partida doble, y enseñar métodos, honradez, asiduidad, llevando sus trabajos al día, introduciendo en todo claridad y orden, y oponiéndose con resolución a los gastos ilegales. Había entonces una ley que prescribía al tesorero general y el contador mayor protestará ante la cámara contra los decretos y acuerdos que violaron el presupuesto. El último que la cumplió su Cáceres, con la raíz de una protesta suya la ley fue abolida, y él se retiró del servicio. Fue esto allá por el año 1959 después de 22 años de rudo y continuado trabajo.

Al retirarse, nuestro hombre contó sus ahorros, y se halló con que había reunido cincuenta pesos; tanto como tres veces en colones de hoy. Y esta fue, acaso, la más bella de sus lecciones. Un comerciante hondureño le dio entonces crédito para que trabajar en el comercio, y el profesor de orden y de prioridad, quien 22 años de servicio público no supo ahorrar más de 50 pesos, ahora, en dos años economizar 7000.

Viene después un largo interrogatorio, en que se desarrolla su vida de catedrático, de publicista, de hombre de ciencia. Ya no volvió trabajar en la hacienda pública hasta 1885, cuando el presidente Menéndez lo llamó a la contaduría mayor. El presidente buscó el contador íntegro, y juntos trabajaron hasta 1889, cuando Cáceres acabó su vida, a los 71 años de pureza y de servicio. En los tiempos en que el enseño, no había libros de texto sino muy escasos e inadecuados. Era indispensable escribirlos, y Cáceres emprendió la tarea. Primero fue su contabilidad de hacienda, siendo tesorero general, y seguramente provocado por la urgencia de enseñarles a llevar sus cuentas a nuestros ignorantes abuelos. Luego, en el año de 1966, fue la aritmética. Después, la geografía; después, los cómputos cronológicos; después, la cosmografía; después el algebra; después la gramática; después, el cuestionario de contabilidad. Casi todos esos libros fueron editados en el extranjero, sin que ningún gobierno contribuyera con un centavo a su publicación. Como resultado de aquella labor, don José María Cáceres hubo de legar a sus hijos, como fruto económico de sus libros, una deuda con los editores extranjeros.

Aquí se releva el maestro heroico, que no repara en sacrificios de ningún género para llenar urgencias espirituales.

Cáceres fue notable ensayista, en un tiempo en que tal vez ni había un término para designar ese género literario. Escribió ensayos sobre economía política, sobre fenómenos volcánicos, sobre historia natural, sobre cuestiones filológicas. Atrevidamente expuso en uno de sus ensayos la teoría que rechaza la hipótesis del fuego central, y si no fue su ciencia y claridad. Ese trabajo de algunos sobre filología, le dieron renombre en Europa.

Ved, pues, como toda su vida fue un ensayo continuo, con la palabra y el ejemplo, en la cátedra y en la oficina, en el periódico y en el libro.

¿Dónde mas? En el hogar, donde precisa sembrar doctrina y dar ejemplo a toda hora. Ahí, la vida de aquel maestro se resumió sencillamente así: con su compañera, una sola carne, como prescribe moisés, y un solo espíritu, como enseña Jesús. Tal fue aquella unión de dos corazones y dos espíritus, que faltando uno de ellos el otro ya no podía vivir. La esposa murió a principios del 89; y el marido se sintió huérfano. Siete años antes, en unas memorias que llevaba siempre, y que llamaba IMPRESIONES DEL AÑO, había escrito, al cerrar el libro, el 31 de diciembre a media noche: "Entre los beneficios que Dios me ha dado este año, es grande el de que aumentara mi amor a mi esposa, a quien tanto ame siempre". Habría que buscar entre los Abelardos, Macias y otros héroes del amor exaltado y romántico, ejemplos así de fidelidad y consagración total de un corazón a otro.

"Desde que ella murió; decía, siento que mi cuerpo no tiene alma".

En efecto, ya no tenía resortes para vivir, y la siguió a los pocos meses.

Fue este hombre creyente fervoroso, de solidad y franca piedad, en que la presencia de Dios regia todos los actos de su vida. En él se reunieron, dice Gavidia, el patriotismo, el entusiasmo, la pureza de costumbres, el valor cívico, la vida sencilla y el temor de Dios".

Comentando su muerte, escribió un diario de Guatemala: "El Salvador tiene que usar luto mucho tiempo; no en el vestido, sino en los corazones, porque de aquel hombre solo hay que recordar servicios y virtudes". Este fue José María Cáceres.

Ahora, unas palabras para vosotros, vecinos de Zaragoza; se os deja aquí una bella casa, un palacio de la cultura, para que vuestros hijos se cultiven. Vinculado a esta casa útil y bella, queda el nombre de un padre de la patria, del hombre que es, quizás, en nuestra historia, un arquitecto del maestro; Un vecino de aquí aporto dinero y servicios para levantar esta casa; el arquitecto que la construyo, esforzó su saber y su ingenio para que resultara como debía de ser; el Presidente de la Republica y el Ministro de este ramo, gastaron sin tasa y vigilaron sin tregua, para que la obra correspondiera a los sacrificios que costaba. Todos aquellos muertos y vivos, jefes y subalternos, empleados y particulares, han dejado aquí para nosotros una lección practica de cómo se labora por la cultura. Falta saber ahora de que manera corresponderéis vosotros a esta lección. Falta saber si cumpliréis siquiera con el deber sencillo y fácil de mantener concurrida esta casa, respetados estos maestros, cuidados con solicitud estos niños.

Seguramente, no habréis de ser vosotros los únicos que desacordéis en este concierto, y yo auguro, en nombre de JOSE MARIA CACERES, que será desde hoy vuestro patrono, que esta casa será por vosotros considerada como una iglesia, donde todos los días el Espíritu, santamente acogido, descenderá sobre la cabeza de vuestros hijos.

Os dejamos aquí la concha: hacer vosotros que se incube la perla.

Alberto Masferrer

García, Miguel Ángel. Diccionario Histórico Enciclopédico de la Republica de El Salvador. Universidad Nacional, San Salvador, 1941. Imprenta Nacional, V.1, Pág. 294 - 196

Historia recopilada del libro "Los relatos de mi abuela", autora: Lic. Jony de Beesley, Q.D.D.G., 2005
Adaptaciones: Rafael Ernesto Canales, Responsable AI 2003-2010